Con anterioridad hablamos sobre el deseo último de los humanos por alcanzar la felicidad, sin embargo pudiese parecer complicado de lograr actitudes como el desapego, o la no reacción ante los factores del mundo externo, por esto he decidido traerle hoy unos factores claves de los que debemos estar atentos para no permitir la entrada en nuestras vidas, 08 factores internos que nos roban la felicidad y nos arrastran al inevitable sufrimiento de la existencia humana, una visión muy personal de la sabiduría oriental.
EL DESEO
Como
un claro cuerpo de agua, inicialmente el deseo no representa ningún peligro, es
incluso agradable y refrescante, proporciona diversión, pero entonces queremos
estar más frescos, deseamos más diversión, no queremos salirnos del agua, y nos
movemos hacía profundidades mayores, hasta que la corriente es muy fuerte y nos
arrastra, ya no podemos hacer nada para evitarlo, nos movemos al ritmo del
imparable torrente de agua que nos arrastra por la vida golpeándonos contra las
piedras.
De
manera similar nace el deseo, inicialmente tenemos un contacto con objetos,
personas, sensaciones que resultan agradables, pero no les observamos, les
dejamos desatendidos, entonces la auto indulgencia natural del ser humano va
aumentando el nivel de este deseo, cada vez quiere más, lo quiere todo para sí
mismo, deseamos poseerlo, colocarle una marca con nuestro nombre, cada vez
queremos más y más, y esto pasa con las relaciones, ese deseo desatendido crece
en intensidad hasta el punto que nos arrastra como una corriente, imponemos nuestros
caprichos a la otra persona, tratamos de manipularle pidiéndole pruebas de
amor, en secreto esperamos poder poseerle solo para nosotros, este tipo de
actitudes causan un daño increíble, el amor no es posesivo, el amor no necesita
ser probado, cuanto existe es demostrado de una manera natural, pues no hay
manera de forzarlo ni de imponerlo. Pero ya es muy tarde para poner límites, ya
es muy tarde para alcanzar un sitio seguro, la corriente nos ha arrastrado y
ahora navegamos velozmente y a tropezones. El deseo se trata únicamente del YO.
Cuando
el deseo alcanza los límites, las fuertes corrientes se transforman en
obsesión, en adicción: a una sustancia, a determinados objetos, a una persona
especifica, estado en el que alcanzamos un punto máximo de de satisfacción
cuando el objeto de nuestro deseo esta completamente disponible, pero luego de
esto viene la fase en la que el desespero es inevitable, el sufrimiento se
acentúa aún más el deseo de tener cerca a aquel objeto o persona, al que le
hemos dado un carácter casi de mesías,
el salvador de nuestra vida, al que le adjudicamos la gran tarea de ser el
único portador de felicidad en nuestra vida ignorante.
ANTÍDOTO:
- Observar
cada contacto
- Evitar
actitudes egoístas
- Estimular
la tolerancia con otras personas, comprender que somos seres completamente
diferentes, con gustos y necesidades independientes
- Valorar
la libertad propia y la de los demás
- Actuar
de manera racional y no meramente por instinto, no somos animales.
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